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Sed de piel o la importancia del contacto.

Heaven, I’m in heaven,

And my heart beats so that I can hardly speak

And I seem to find the happiness I seek

When we’re out together dancing, cheek to cheek…

(«Cielo estoy en el cielo // Y mi corazón late tan fuerte que apenas puedo hablar // y parece que encuentro la felicidad que busco // cuando salimos a bailar juntos, mejilla con mejilla …»)

Irving Berlin escribió esta canción en 1935, para que the Fred Astaire se la cantara a Ginger Rogers mientras bailaban en la película Top Hat. Yo la escucho por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong y trato de visualizarme en un abrazo en movimiento, mejilla con mejilla, con los ojos cerrados. Imagino el roce, el olor de la otra piel… el vello erizarse…

Y entonces la psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir irrumpe en mi fantasía y cesa la música:

“Necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir. Ocho abrazos diarios para mantenernos y doce abrazos diarios para crecer”.

Virginia Satir

¿De verdad, Virginia?

Llevo tanto tiempo sin contacto físico por el confinamiento que he dejado de contar los días.

Sigo viva, puedo afirmar que me mantengo y también que podría formar parte, junto a muchos otros seres humanos, de un enorme estudio social sobre los efectos del confinamiento y la ausencia de contacto físico.

Estudios y experimentos se han hecho en el pasado. Algunos, por cierto, terroríficamente crueles.

Federico II de Hohenstaufen ( 1194- 1250), motivado por descubrir cuál era el idioma original de la humanidad, entregó un grupo de bebés a unas enfermeras con instrucciones estrictas: los bebés debían ser alimentados y bañados pero bajo ningún concepto se les debía hablar, arrullar o abrazar. No pudo averiguar nada sobre las cuestiones del habla porque todos los bebés murieron, presumiblemente por la ausencia de contacto afectivo.

Al hilo de la mortalidad de bebés por la falta de contacto, en 1915 el pediatra Henry Dwight Chapin llevó a cabo una investigación en instituciones de diez ciudades distintas y comprobó que en todas, menos en una, la mortalidad de los bebés menores de dos años era del 100%. En otro informe, describe que de un total de 200 niños admitidos en varias instituciones en Baltimore habían muerto el 90% en un año. El 10% de los supervivientes fueron niños que habían pasado tiempo en hogares de acogida o con familiares.

Sabemos positivamente que el Método Madre Canguro (MMC) es decir, el contacto piel con piel entre los recién nacidos y su madre, aumenta la tasa de supervivencia de los bebés prematuros en un 30%.

Entonces, el contacto físico ¿es una cuestión de vida o muerte?

En bebés puede serlo.

También hay referencias y estudios de aislamiento en adultos donde la salud se ha visto gravemente comprometida, pero aislamiento no es lo mismo que soledad y ausencia de contacto físico no es lo mismo que ausencia de contacto afectivo.

Y así, estando en contacto afectivo con mis seres queridos, ha habido tantos momentos en los que he sentido esa sed de piel.

He querido soltar el teléfono, salir por la puerta y cruzar mi ciudad para abrazar a una amiga que luchaba contra el covid.

He querido que que alguien me abrazara en medio de mi miedo a la pérdida. Y también en medio de mi pérdida.

He deseado con todas mis fuerzas tender mi hombro a un amigo que había perdido a su madre.

Y que alguien cogiera mi mano en mitad de mi impotencia y mi tristeza.

También he anhelado tanto bailar mejilla con mejilla con otro ser humano y sentir su piel…

La piel humana es la piel más sensible de todos los mamíferos, porque es la que mayor cantidad y variedad de corpúsculos sensitivos tiene. En tan solo 2,5 cm2 de piel humana, hay 1300 células nerviosas. Cada una de las yemas de los dedos, tiene unos 100 receptores nerviosos. El hecho de tener la piel más sensible significa que durante la evolución del ser humano hubo un largo periodo durante el cual el contacto piel a piel fue intenso y cotidiano. Y esto está en total sintonía con una intensa vinculación afectiva, con una sexualidad más allá de lo meramente procreativo, con una fuerte necesidad de intimidad y con una respuesta sexual independiente de los períodos de celo.

Manuel Lucas, médico y sexólogo.

Y también he querido traspasar la pantalla y expresar físicamente mi amor, porque como tú soy humana y como seres sociales el abrazo, los besos, las caricias es una de nuestras maneras de comunicar el afecto. Y también de encontrarnos acogidas y en calma.

Pero no solo los humanos tenemos ese hambre de piel.

Te voy a contar el último experimento cruel de este post: El psicólogo norteamericano Harry Harlow separó a macacos Rhesus bebés de sus madres. Colocó a las 8 crías en 8 jaulas diferentes. En cada jaula simulando una “mamá mono” había un muñeco de alambre que proporcionaba comida y un muñeco blandito y acogedor que no proporcionaba comida. ¿Afecto o comida? ¿Con qué muñeco crees que decidió cada monito sin excepción pasar más tiempo?

Mono Rhesus con «sustituta» de tela.

Efectos del contacto en nuestro organismo

El tacto, desde que nacemos, nos acerca al mundo, al fin y al cabo nuestra piel es nuestro órgano más extenso, y el contacto con otra piel tiene propiedades que ya eran conocidas por helenos, romanos, egipcios, e hindúes. Existen tratados sobre las propiedades del tacto y el masaje que datan del año 3.000 a.C.

Como consecuencia del contacto cercano de un abrazo nuestro nervio vago recibe una señal que hace que disminuya la frecuencia cardíaca y la presión arterial y que nuestro sistema parasimpático se equilibre. Sabemos que además se reduce de manera instantánea los niveles de cortisol en sangre; es decir: un abrazo sentido y prolongado es un bálsamo maravilloso ante el estrés y ante el miedo.

Con el abrazo también se estimula la producción de dopamina y oxitocina, dos sustancias que contribuyen a una placentera sensación de bienestar y confianza.

Existe evidencia sobre el la modulación del dolor a través del contacto físico significativo. También de la reducción de la sintomatología de la depresión.

Y de acuerdo con varios estudios, los abrazos podrían adoptar un rol atenuador en caso de una infección y aumentar nuestro sistema inmunitario.

Qué paradójico que algo tan beneficioso para nuestra salud física y emocional, ahora pueda tener un efecto tan adverso, ¿verdad?

Volverán los abrazos, tú lo sabes, yo lo sé, ¿qué podemos hacer entre tanto con nuestra sed de piel?

– Podemos poner en el foco en lo que tenemos en lugar de en lo que nos falta. Tenemos ganas de abrazar a alguien porque hay alguien a quien amamos, alguien que nos importa.

¿A quién quieres abrazar? Podemos escribir su nombre. Seguro que el hecho de que esa persona esté en nuestra vida es motivo de celebración. ¿Qué celebras de ella y de tu relación con ella?

– Podemos transformar nuestro abrazo. En una carta, en un texto. En un dibujo, en un garabato, en una canción, o en otra cosa ¿de qué manera crees que puedes transmitir a esa persona tu afecto ahora? ¿Puedes tratar de crear una nueva fórmula? ¡Te animo a que pruebes!

– Podemos probar a darnos un automasaje. Tiene contrastados efectos en la reducción del estrés. Y ni que decir cabe los efectos positivos de las autocaricias.

¿Se te ocurre alguna cosa más?

Confía en tu capacidad de adaptación a las posibilidades. Si bien es cierto el que el contacto es, y será algo fundamental en nuestras vidas, también lo es que tenemos la capacidad de lidiar con su ausencia durante este periodo de tiempo.

Y confía en que esto también pasará.

Te mando un abrazo sentido, largo, apretujado… virtual.

FUENTES:
  • Fotografía de la portada: Javier Alcaine. Mayo 2017. Madrid.
  • Emperor Frankenstein: The Truth Behind Frederick II of Sicily’s Sadistic Science Experiments – historyanswers.co.uk
  • The Incredible Importance of Touch for Babies (La importancia del contacto físico en bebés) – Lakeside (link)
  • La soledad mata lentamente a macacos y humanos – Pablo Herreros. Blog Yo mono. Diario El Mundo.
  • Entrevista a Manuel Lucas. Crecer Joven.
  • Does hugging provide stress-buffering social support? A study of susceptibility to upper respiratory infection and illness – Sheldon Cohen, Denise Janicki-Deverts, Ronald B. Turner, William J. Doyle. Psychol Sci. 2015 Feb; 26(2): 135–147.
  • Receiving a hug is associated with the attenuation of negative mood that occurs on days with interpersonal conflict. – Murphy M., Janicki-Deverts D., Cohen S.
  • The power of a hug can ward off infections and help one recover faster: Carnegie Mellon University study. (link)

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